Antropología

Los nativos de mi ciudad nos caracterizamos por cosas como estar realmente orgullosos de un plato de arroz con verduras.

Nuestra fiesta nacional consiste en quemar estatuas que nos han costado muchos -pero muchos- miles de euros. No contentos con esto, durante 19 días paralizamos clases, trabajo, lo que sea necesario para reunirnos en la plaza del pueblo y explotar en cinco minutos 200 kilos de pólvora. A esto le llamamos mascletá. E, indefectiblemente, cuando ha acabado y mientras nuestros tímpanos están haciendo piruetas nos decimos los unos a los otros “psé, no ha estado mal, un poco flojo el final”.

A nuestra santa matrona la llamamos Cheperudeta y nos vanagloriamos de poseer el brazo incorrupto de nuestro santo patrón. Expuesto. Al público.

Dicen los que dicen que saben que este extraño comportamiento se debe al viento de Levante. Yo, en mi fuero interno, sé que no. El primer valenciano no nació de los primigenios Vicentet y Amparigües. Nop.

Vino de Saturno.

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